Nissan Qashqai 2.0 4×2
Hoy día está todo inventado y hay que diferenciarse. Nissan ha buscado una alternativa, lo que es de agradecer. No digas que no te alegra el día: un fabricante se aventura a lanzar algo diferente. Y se hace referencia a un coche con formas atrevidas e interior futurista, para que dentro de unos años nadie quiera ni regalado.

En esta ocasión, Nissan ha apostado por revolucionar el mercado con un modelo que, lo creas o no, es el sustituto del Almera. Por fuera no se ve exageradamente atrevido: faros y pilotos rasgados, línea de cintura alta y ascendente… En el centro de diseño de Londres han creado unas formas limpias y sencillas, que le dan un aire de coche bonito, sin más.
Por dentro, es gratificante el salto en diseño que ha dado con respecto al Almera. Es una simple cuestión de gustos, pero el aire Murano (actualizado) que tiene el cuadro de relojes, salpicadero, volante y palancas de la Nissan Qashqai conquista a cualquiera. Todo queda bien resuelto, y la verdad es que no se pueden poner "peros" especialmente relevantes. El volante tiene buen diámetro y grosor, aunque su tacto rugoso no me enamora precisamente. Los mandos quedan bien colocados, y sólo el climatizador puede quedar algo bajo para la vista, pero se maneja bien, al igual que los demás elementos.
En marcha tampoco ha defraudado la Nissan Qashqai. En ciudad demuestra que no es demasiado ágil, pero la rapidez de la dirección y la buena visibilidad, gracias a sus enormes retrovisores, ayudan bastante. También lo hace el motor, aunque hay que reconocer que su mejor cara la da a partir de las 4.000 vueltas, por lo que si quieres brío en ciudad te toca ir en marchas cortas y hacer más visitas de las necesarias a la gasolinera.
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