Después de 100.000 kilómetros, muchos coches tienen un aspecto lamentable. No así el Tucson. Su mecánica no es la más moderna, pero resulta bastante resistente ¿De verdad es necesario escribir sobre este coche? Si durante toda la prueba apenas ha sucedido nada. Parece ser que los coreanos le han pillado por fin el truco al asunto: no hace falta tener la mecánica más avanzada, sino la que mejor cumpla las expectativas de los clientes. Y mientras los llamados fabricantes de marcas premium prefieren la tecnología más avanzada, la clientela de los coreanos pasa al lado de los vehículos de lujo averiados con cierto aire de suficiencia.

El buen estado de conservación del interior de nuestro Hyundai Tucson, con 100.000 kilómetros a la espalda, lo dice todo. El puesto de mando, a pesar de los plásticos duros con que está hecho, parece bien acabado, se limpia con facilidad y tiene un aspecto excelente tras haberlo utilizado diariamente. No es que el compacto de tracción integral únicamente muestre una imagen sólida. Es que tampoco desentona en ningún momento. Nunca nos dejará tirados. Ninguno de los discos de freno se desgastó antes de tiempo, no hubo disminución apreciable del nivel de aceite entre revisiones; ni una sola fuga, a excepción de un agujero hecho por algún simpático roedor en la junta de la goma de un manguito. Incluso en recambios como las pastillas de freno, el Tucson salió muy barato. Las pastillas delanteras no se repusieron hasta los 90.000 kilómetros y el mecánico del taller fechó la muerte de las traseras en 10.000 kilómetros más.
Otros Artículos de Hyundai en EspacioCoches: Hyundai Santa Fe poderoso/ Hyundai Genesis / Hyundai i10 / Hyundai Getz Copa
Comentarios: