De puertas hacia adentro sucede algo interesante en el Chrysler Sebring. El equipamiento de la versión Limited es impresionante. Pocos fabricantes, exceptuando algún coreano, ofrece una dotación de serie tan abundante. Control de velocidad, radio CD con MP3, tapicería de cuero, asientos con regulación eléctrica... No le falta de nada. En el Volkswagen, la historia es diferente, y se puede resumir en un "si lo quieres, lo pagas". Tapicería de cuero (685 euros), equipo de sonido con MP3 (340) Y asientos con regulación eléctrica (vienen incluidos en un paquete que cuesta 885). Pero de lo que no se puede quejar es de su calidad de realización, y eso que la anterior generación, de 2001 a 2005, tenía mejores acabados.

No obstante, el Passat barre al Sebring en este capítulo. Como por ejemplo, los ajustes de la guantera: mientras que las juntas del Volkswagen están muy conseguidas, en el Chrysler puedes meter una moneda de dos euros con facilidad. Pero aquí no acaban los defectos, ya que la postura de conducción también es mejorable. Cuando se conduce por primera vez y se pisa el embrague, los zapatos chocan con el salpicadero. Regulas el asiento en la postura más baja y seguirá sucediendo. "Bueno, pues mañana cambio de zapatos" me dije. Incluso si te subes con unos muy delgados de vez en cuando tendras el mismo problema. En el Passat, ningún problema, excepto que para conducir hay que regular el volante muy abajo, y cuando vayas a salir puedes golpear las rodillas con la columna de la dirección.



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