
Ensimismados en su propia autocomplacencia, los americanos se dejaron sorprender por el nacimiento de la industria japonesa y por la evolución y maduración de la europea y en los años sesenta y setenta del pasado siglo se dieron cuenta de que técnicamente sus modelos estaban desfasados y estéticamente eran absurdos. Su defensa consistió en comprar fábricas europeas y japonesas mientras que vieron con sorpresa cómo, finalmente, una de las primeras, Daimler, compraba Chrysler. 100 años después del primer Salón del Automóvil celebrado en América, Detroit sigue siendo "su" salón y sigue teniendo un evidente gusto "yankee", pero en el cielo americano este año la estrella que más ha brillado ha sido la de una marca europea, Mercedes, y en el resto del firmamento americano sólo las constelaciones de los deportivos bestias los "muscle cars" y de los "trucks" los grandes pickups siguen brillando con luz propia.



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