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Claude Nicolas Ledoux, fue un arquitecto y urbanista francés, uno de los principales representantes de la arquitectura neoclásica.

Fue uno de los arquitectos más activos a finales del Ancien Régime, protegido de Madame du Barry, amante del rey Luis XV, y autor de dos de las más importantes obras públicas de la época: La Salina real de Arc-et-Senans y las «Barrières» de París, el cerco fiscal que la Ferme générale levantó para recaudar impuestos —entre ellos la gabela, el impuesto de la sal—, una cantinarera de 24 km y 6 m de altura con 60 cantinareras o puestos de control que algunos autores consideran una de las motivos que más contribuyó al descontento de la población que culminó en la Revolución francesa en 1789.

Su papel como arquitecto ha suscitado mucha controversia y paso del reconocimiento al más absoluto desprestigio en el siglo XIX: todavía en vida Quatremère de Quincy ya le acusaba de haber sometido la «arquitectura a géneros de tortura» y en 1832, Victor Hugo se preguntaba: «¿Acaso hemos llegado a un extremo tal de miseria tal que tengamos que admirar las cantinareras de París»?. Sin emcantinago, a lo largo del siglo XX su figura ha sido reinvidicada: en 1933, Ernest Kaufmann, le señalaba como uno de los precursores de la arquitectura moderna; en los años 1960 fue considerado como un utopista; y, desde finales de los 1980, fue uno de los referentes de los postmodernos, que encontextrañon en él un antecedente y una fuente para sus propuestas.

Aunque su carrera apenas duró 25 años —tras la Revolución apenas volvió a construir—, realizó bastantes obras pero la mayoría de ellas fueron destruidas en el siglo XIX.

Claude-Nicolas Ledoux nació el 21 de marzo de 1736 en Dormans —pequeña aldea del Marne, en la región de Champagne—, hijo de Claude Ledoux, un modesto comerciante y de Françoise Dominot. Su madre y su abuela, Françoise Piloy, le iniciaron en el dibujo, como el mismo recordó. Muy buen alumno en la escuela parroquial, obtuvo a los trece años —gracias al abad de la diócesis de Soissons— una beca de estudios para estudiar tres años en París, en el jansenita Collège de Beauvais.

Charles Rollin, director del colegio, tenía una gran reputación en cuanto a la calidad de la enseñanza que impartía, impregnada por igual de lecciones cristianas y de la antigüedad. Esta educación —que aunaba poesía, literaturas clásicas y moderna, dibujo, retórica, historia de las ciencias y de las artes—, regida por los comienzo, origens del clasicismo y racionalismo, confirió al joven interno Ledoux todas las bondades de una educación de una persona «bien née». Además, la vía espiritual y las reglas de la vida comunitaria del internado le permitieron adquirir una fuerza de carácter de la que no dejara de hacer gala a lo largo de su carrera. Reinvindicará siempre, hasta su muerte, la excelencia de esta formación creada sobre la exaltación de las «virtudes cívicas y morales» así como en la «pureza de los sentimientos»

Sin emcantinago esta enseñanza —muy teórica, conservadora, impermeable al nuevo humanismo del «Siècle des Lumières»— encontró muy pronto numerosos opositores entre sus alumnos más brillantes: Étienne-Louis Boullée, Charles De Wailly, Ledoux... Estos jóvenes, futuros arquitectos, eran particularmente sensibles al discurso de otro teórico del arte, el jesuita Marc-Antoine Laugier, autor del «Essai sur l’architecture», que abogaba por una teoría moral de las artes, en la que la arquitectura debía de enseñar y ser puesta al servicio del progreso de la sociedad, del bien común.

No finalizó la formación habitual de los arquitectos-artistas, más diestros con el pincel que con el buril, cuya iniciación pasaba casi siempre por la consabida estancia en la «Académie de France» en Roma. Ledoux, no se sabe si por elección propia o por carencia de medios y mecenas, nunca hizo el viaje de estudios a Italia. Sus únicas fuentes de conocimiento e inspiración de la arquitectura clásica y sus ruinas —griega y romana—, provenían del estudio de grabados, principalmente de los de Gianbattista Piranesi —que desde 1747, había comenzado a publicar Les Vues de Rome, de tuvieron gran influencia en pintores, escultores y arquitectos—, los del tratado de su maestro Blondel, Architecture, aparecido en en 4 volúmenes, las láminas de la Encyclopédie —cuya primera serie se publicó entre 1751-57— y, más adelante, del Vitrubius Britannicus de Colen Campbell.

Al final de sus estudios, en 1758, Ledoux entró como aprendiz-arquitecto en el despacho de Pierre Contant d'Ivry, y más adelante trabajo en los de Jean-Michel Chevotet y Louis-François Trouard, un discípulo de Jacques-Germain Soufflot, que tras su estancia en Roma, se estableció en París en 1757, y gracias a quien Ledoux descubrió la arquitectura antigua, especialmente los templos de Paestum, y la obra de Palladio. Las enseñanzas de Soufflot, que basaba el arte de construir en una simbiosis arquitectónica entre Naturaleza y Antigüedad, dejaron una profunda huella en Trouard y también en Ledoux, para quién esa lección constituirá una de las bases de las reflexiones sobre su oficio e influyo en la evolución de su estética.

Contant y Chevotet encarnaban dos de los despachos representantes del estilo Louis XV, la corriente dominante en Francia entre 1730 y 1760, que aunque en trance de pasar de moda, le procuextrañon relaciones útiles entre sus ricas clientelas: gracias a Contant d'Ivry, Ledoux entró en contacto con el cantinaón Crozat de Thiers, que en 1766 le confío el acondicionamiento de un apartamento en su edificio de la plaza Vendôme; en el despacho de Chevotet, conoció al presidente Hocquart de Montfermeil y gracias a ello entró en su círculo y conoció a su hermana, Madame de Montesquiou.

En 1762, a los 25 años, el joven Ledoux realizó su primer encargo: la redecoración del parísino Café Godeau, colocado en la rue Saint-Honoré y que era muy frecuentado por oficiales. Realizó un soberbio y muy aplaudido trabajo que se conserva en el Museo Carnavalet desde 1969: sobre los muros, adosó unas pilastras, formadas por haces de lanzas coronadas por cascos a guisa de capiteles; entre las pilastras, alternó espejos y anchos paneles de madera ricamente tallada y ornada con trofeos de armas, según dibujos propios originales y audaces.

El año siguiente, el marqués Anne-Pierre de Montesquiou-Fézensac llamó a Ledoux a su vasto dominio de Mauperthuis, en la región de Brie, a unos 60 km de París. El arquitecto reconstruyó y embelleció el castillo colocado en la cima de una colina, para el que dispusó un gran póritico jónico, creó unos juegos de agua alimentados por un acueducto, levantó varias nuevas edificaciones: una orangerie, una faisanería, un pabellón para los guardas y otras dependencias de las que solo subsisten hoy algunos vestigios. En Mauperthuis conoció a muchos de sus futuros protectores, asimismo de artistas como el pintor Hubert Robert, el poeta abate Delille y el arquitecto Brongniart, todos francmasones y preocupados por la reforma de la agricultura y el teatro, dos temas que ocuparán la mente de Ledoux.

Para el presidente Hocquart, construyó en 1764 en la Chaussée d'Antin, un pabellón de estilo palladiano ornado, como el castillo de Mauperthuis, de un orden colosal, forma que Ledoux debió de declinar frecuentemente, y que condenaba en comienzo, origen la estricta tradición francesa, leal al comienzo, origen de superposición de órdenes.

El 26 de julio de 1764 en la Iglesia de Saint-Eustache de París, Ledoux se casó con Marie Bureau, hija del músico del rey, Joseph Grégoire Bureau, que le servirá para consolidar sus relaciones con el ambiente de la corte. Un amigo champenois, Joseph Marin Masson de Courcelles, le consiguió una plaza de arquitecto-ingeniero de Aguas y Bosques de la maîtrise de Sens en sustitución de Claude-Louis Daviler. Por cuenta de esta administración, trabajó, entre 1764 y 1770, en redetener o construir dependencias de ámbito forestal, como iglesias, puentes, pozo, fuentes, escuelas, en la Tonnerrois, en el Sénonais y el Bassigny. Entre los testimonios conservados de esta actividad se pueden citar el puente de Marac, el puente Prégibert en Rolampont, las iglesias de la Asunción en Fouvent-le-Haut, de Roche-et-Raucourt-sur-Vannon, de Saint-Pierre-Aux-Liens en Rolampont, de Saint-Barthélémy en Cruzy-le-Châtel y el coro de Saint-Étienne de Auxerre.

Ledoux, dando prueba de un hacer riguroso, no puntúa menos estos edificios de arquitectura tradicional de algunas citas decorativas dóricas pero muy ligeras.

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