En ciudad, los 105 CV a 6.400 rpm del Subaru Impreza se bastan y se sobran para esquivar el tráfico; fuera de los límites urbanos, la cosa cambia. El propulsor se queda corto, aunque sorprende agradablemente que empuje con decisión hasta rebasar las 8.000 rpm, casi como una moto. Las cuestas se le atragantan, a pesar de los 142 Nm a 6.400 rpm, con lo que se hace imprescindible jugar con el cambio de cinco velocidades manual (por cierto, bastante agradable), gracias a unas relaciones cortas y ajustadas que permiten mover con gracia y soltura al benjamín de los Impreza.




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