Adquirir un coche eléctrico: ¿Merece la pena?

El coche, que desde hace décadas se ha convertido en un verdadero instrumento de libertad de movimiento para muchas personas, pasa en la actualidad por un momento de cambio. Las subidas de precio en los carburantes, las nuevas leyes contra las emisiones de CO₂ y las crisis energéticas son factores que hacen que muchos usuarios se planteen la posibilidad de adquirir un vehículo eléctrico. Esta es una opción cada vez más extendida y, de hecho, incluso es posible comprar coches km 0 que emplean esta tecnología. No obstante, ¿merece la pena comprar un coche eléctrico? Vamos a verlo.

El combustible, un factor a considerar

El precio de la gasolina y del diésel ha alcanzado cifras muy altas, lo que convierte a las alternativas al combustible tradicional en opciones muy apetecibles. Si a eso le sumamos la tendencia que existe para darle impulso a la movilidad eléctrica, descubrimos que hay tarifas específicas que pueden hacer que el cambio al coche eléctrico resulte bastante beneficioso. De hecho, algunos estudios han llegado a demostrar que decantarse por un vehículo eléctrico puede suponer un ahorro en combustible de casi un 80 %.

Hay que prestar atención a la autonomía

Durante mucho tiempo, la autonomía ha sido el principal punto débil de los coches eléctricos y el argumento más empleado por sus detractores. No cabe duda de que sigue siendo el talón de Aquiles de estos vehículos, aunque esto es algo que ya está cambiando. En realidad, en el mercado actual ya es posible encontrar coches con autonomías que superan los 600 kilómetros en ciclo WLTP. Por otro lado, este será un factor cuya importancia dependerá enormemente del uso que se le pretenda dar al vehículo. Así, para realizar recorridos cotidianos y para circular por la ciudad, un coche con una autonomía inferior, de unos 300 kilómetros, puede ser más que suficiente.

El mantenimiento del vehículo

Quien piense que la mecánica del vehículo eléctrico es más complicada y cara que la del coche tradicional se equivoca. Lo cierto es que la tecnología que hace posible el coche eléctrico prescinde de muchos componentes, como el embrague, los filtros de combustible o el tubo de escape, por decir algunos. Eso, en definitiva, se traduce en que su reparación y su mantenimiento son más sencillos y supondrá un ahorro interesante. Cuando hablamos del vehículo eléctrico, el único elemento que puede resultar problemático es la degradación de las baterías. Aun así, en términos generales, el ahorro que supone este tipo de vehículos frente a sus contrapartidas de combustión puede ser de hasta un 50 %.

¿Y qué ocurre con la ITV?

Hasta la fecha todavía no se ha establecido un protocolo que sea concreto para los nuevos vehículos eléctricos, por lo que deben pasar una revisión pasados cuatro años desde su matriculación. Después, han de ser revisados cada dos años hasta que el vehículo alcance los 10 años y, a partir de entonces, tendrán que ser sometidos a revisiones anuales.

Las diferencias respecto a los vehículos de combustión se dan en lo que a normas de circulación se refiere. Así, gracias a que incorporan la etiqueta CERO emitida por la DGT, este tipo de vehículos pueden disfrutar de una mayor libertad de movimiento, especialmente en zonas urbanas.

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